domingo, 10 de abril de 2011

CAPÍTULO 4

"Cierto día, Chuang Tzu se quedó dormido y
soñó que era una mariposa, revoloteando muy
contento por ahí. Y la mariposa no sabía que era
Chuang Tzu soñando. Luego despertó y volvió a
ser el de siempre, pero ahora no sabía si era un
hombre soñando que era una mariposa o una
mariposa soñando que era un hombre."
                                                         Las enseñanzas de Chuang Tzu

No recuerdo mucho más de las palabras que me dijo el sabio de mi sueño y tampoco las entendí muy bien.
Poco a poco, fui abriendo los ojos. Lo veía todo borroso. Lo único que veía eran unas paredes blancas y manchas muy borrosas de otros colores.
Enfoqué mejor con mis ojos hacia algo que se movía. Me incorporé. La figura se acercó a mí. No la vi la cara. Me cogió y me puso de nuevo en la cama de aquella habitación.
- You have to sleep - Dijo simplemente.
Aquella voz era muy familiar. Después de recostarme en la almohada, me besó la frente y salió por la puerta. En seguida, me quedé dormida.
Cuando volví a despertar estaba sola. Esta vez veía mejor. Estaba en una habitación con paredes blancas, delante mía había un televisor, a mi izquierda una ventana y a mi derecha un banco y un baño. Me levanté. Algo me tiró por detrás. Me volví y vi tubos y cosas raras de todo tipo que estaban enganchadas a mí. Primero me quité el de la nariz. Luego palpé el otro tubo que iba hacia mi cabeza. Llegué a mi cabeza. Había una gasa. Tenía intención de quitármela para ver que me había pasado, pero el simple hecho de rozar con la mano la gasa manchada de sangre me mató de dolor.
Desenchufé entonces el cable y se me quedó colgando en la cabeza. Me dolía mucho la cabeza. Me puse unas pantuflas que había al pie de la cama y me dirigí al baño.
Estaba pálida. Tenía una herida profunda en el lado izquierdo de mi cara. Me quité la mala coleta que me habían hecho para ponerme el tubo ese. El tubo se cayó dejando todo el baño perdido de un líquidillo transparente. Me agaché para verlo mejor. Sí, transparente. Cogí un poco con el dedo y me lo chupé. Estaba salado. Me dolía la boca de la herida. Cogí una toalla y lo limpié todo.
Encontré mi ropa en un armario que había al lado del baño. Me la puse. Al coger la camiseta, me di cuenta de que estaba manchada de sangre.
- Mierda - Dije. Me quedé con la camiseta de pijama que me habían puesto.
Vi mi libro, Traición, en la mesilla de la habitación. Me acerqué, lo abrí y empecé a leerlo. Me senté en el banco que había y estiré mis piernas. Puse un cojín debajo de mi cabeza y seguí leyendo.
No tenía plan alguno de escapar de allí. Si estaba allí era por algo y  seguro que era por mi bien.
Ahora solo tendría que esperar a que vieniesen a visitarme.
Una vez leído casi medio libro, me entró hambre. Inspeccioné de nuevo esa habitación y vi un botón en el que ponía: Pulse en caso de ayuda.
Lo pulsé.
- ¿Sí? - Dijo una voz femenina.
- Mmm... Que es que tengo hambre señora - Dije.
- Oiga, por favor, niña. No juegues con este aparato, ¿vale?
Que tonta soy.
- ¡No, espere! Soy un paciente.
- ¿Habitación? - Dijo suspirando.
- Mmm... No se, yo estoy sola aquí y me acabo de despertar.
- Espere dos minutos.
Al cabo de un rato oí unas voces que se acercaban a mi habitación.
- ... Sí, la de la niña con el golpe en la cabeza...
- ...  ¿no? - Dijo una voz muy ténue.
- Sí, esperen aquí.
Entró una enfermera con una bandeja llena de comida y la dejó en la mesa. Suspiró. Me cogió y me dejo en la cama de nuevo.
- No te vuelvas a quitar los tubos de la respirción ni el de la cabeza,  ¿vale? - Me dijo haciéndome de nuevo la coleta y colocándomelos correctamente. Me hizo daño.
Recogió todo y lo colocó en su sitio.
- Y no te vuelvas a mover - Me miró de forma asesina - Tienes visita.
Salió de la habitación y se oyeron unas voces ilusionadas. Me molestaba el tubo de la cabeza. Me lo arranqué y me desmayé.

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