Cuando me desperté miré hacia el despertador para ver la hora. Las 6:48. No sabía que hora era. Siempre me pasaba: saco el móvil para ver la hora, lo guardo, ni puta idea de qué hora es. Me estiré y bostecé un par de veces. Me incorporé y bebí el poco agua que me quedaba del baso que se encontraba en la mesilla. Fui al baño y me lavé un poco la cara. No había dormido nada.
Bajé a la cocina y vi mi desayuno preparado. Mi madre estaba en el salón tomándose un café y viendo la tele. Cogí el bol de cereales y mi colacao y fui al salón.
- Buenos días – Dije bostezando.
- ¿Qué haces despierta tan temprano? – Me miró sorprendida.
- No sé.
- Cuando termines de vestirte que no se te olvide coger el iPod – Me advirtió mi madre.
- ¿Por qué? – La miré. ¿Qué la había dado ahora con mi iPod?
- ¿No te acuerdas de qué día es? – Me miró con cara asesina.
- ¡Hostia, puta, joder! – Me metí tres cucharadas de cereales en la boca y un trago de colacao. Corrí a la cocina y lo dejé todo en la pila.
- ¡Eh! Los tacos – Me gritó mi madre desde el salón – ¡Y no despiertes a tu hermano!
Ya, como si ella no le estuviese despertando con sus gritos ahora. ¿Cómo se me podía haber olvidado una fecha así? Veintiocho de abril del 2011. Llevaba esperando este día desde el veinticinco de febrero. Hoy era el cumpleaños de una de mis dos mejores amigas, Laura. Cumplía nada más y nada menos que diecisiete años. Por su cumpleaños, mi otra amiga Mercedes y yo, la íbamos a regalar una cosa muy especial. Mercedes y yo durante todo este tiempo habíamos estado más nerviosas que nunca. Laura se merecía ese regalo y muchísimo más.
Subí a la habitación de mi hermano y entré gritando.
- ¡Enano! ¡Despierta! – Dije abriendo la persiana.
- ¿Qué pasa? - Dijo aclarándose la garganta y frotándose los ojos.
Mi hermano era guapísimo. Tenía once años, era menor que yo.
- Hoy es veintiocho de abril… - Dije dándole un beso en la frente.
- ¡Nooo…!
- ¡Síiii…! – Dije yo gritando mientras me encerraba en el baño.
Me duché y salí a mi habitación para ver qué ponerme. Un día tan especial merecía lo mejor. Abrí la ventana. Hacía más o menos un calorcillo que daba gusto tumbarse en el césped durante todo el día. Abrí el armario. Cogí unos pantalones cortos vaqueros y una camiseta con la bandera de Inglaterra. England al poder. Me puse mis Converse negras y luego me peiné el pelo. Después me pinté la raya negra y me eché rimel. Hice mi mochila y cogí el iPod. En mi iPod teníamos Mercedes y yo un vídeo que hicimos y en el que la íbamos a enseñar el regalo, es que no nos atrevíamos a llevarlo al instituto.
Cuando ya eran las ocho y cuarto salí de casa para coger el autobús. El instituto empezaba a las 8:30. Me senté en la parada, encendí el iPod y empecé a escuchar Lies – McFly. Me encantaba McFly. Era uno de mis grupos favoritos junto con Green Day, Sum 41, The Beatles, One Republic… Escuchar música era una cosa que me gustaba mucho y que hacía casi a todas horas.
Cuando llegó el autobús, me subí, le entregué al conductor el bono y me senté atrás. A mitad del camino Merce me llamó al móvil.
- Memoncio, ¿qué pasa? – Dije riéndome. Merce y yo teníamos muchos motes. Se los poníamos a todo el mundo.
- JA-JA, no hace gracia – Dijo – Que tengo un problemilla… Llegaré tarde.
- ¡MERCEDES! Te dije que no llegases tarde. Dios eres… eres una mema – Esta vez si que estaba medio enfadada.
- Ya, es que mi padre es tonto… - Dijo arrepentida.
- Y tú también, ¿lo sabías? – Dije riéndome.
- Vale, yo también te quiero, ¿eh? Jajaja, bueno un besote mi cousita – Dijo. “Cousita” era mi mote.
- Vale, adiós Julio. Te quiero – Sonreí y colgué. El nombre de Julio salió de una forma muy graciosa, a decir verdad. Hace tres años Mercedes y yo una tarde estábamos hablando por teléfono y la dije: ¿Sabías cuáles son mis fechas favoritas? La dije su cumple, el cumple de Laura y luego dije: Y el 18 del 7. ¿En qué cae ese día? Y me respondió pues no sé… Un momento. Debió ser que yo no oí ese “un momento”, porque empecé a gritar: ¡JULIO! ¡CAE EN JULIO! ¡MI CUMPLEAÑOS! ¡JULIOOO! Y me respondió: No, jeje, yo soy Mercedes… Y desde entonces, de alguna forma, todo lo relacionado con el nombre Julio nos es gracioso: tenía un libro de chistes en el que había un chiste sobre el mes de Julio, su calle se llama no se qué de Julio… Vamos, por así decirlo, estamos locas.
Cuando llegué al instituto bajé corriendo apartando a toda la gente de mi camino, pidiendo perdón por los codazos que daba… Hasta que llegué donde siempre se sentaba ella y sus amigas de la ruta. Me acerqué sin hacer ruido, de puntillas. Al llegar detrás suya pedí poniéndome el dedo en la boca que no dijesen que estaba allí, a lo que ellas me respondieron sonriéndome. Y entonces fue cuando puse mis manos sobre sus ojazos, impidiéndola ver.
- ¿Patricia…? – Dijo un poco asustada. Sonreí. No lo había dicho antes, pero sí, me llamo Patricia.
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